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                                                   Excursiones:  Los Olivares de Bedmar

    - Mapas. 1:25.000:     .......................... Ver Mapa

   - Dificultad:   Mediana.

   - Longitud:  25 kilómetros

   - Punto de salida:  Bedmar.

   - Punto de llegada:  Bedmar.

   - Observaciones: Recorrido circular. Carretera asfaltada. Muy apropiado para hacerlo en bicicleta.

            Es una ruta para hacer con bicicleta o en coche. Para bicicleta es un camino fácil para aquellos que montan con alguna asiduidad a bicicleta. El resto también la puede hacer. La dificultad del trazado está en que la parte final del trayecto, cuando más cansados estamos, es cuando “toca” subir. De todas formas la subida no es fuerte.
          Con esta ruta pretendemos dar a conocer dos zonas, dos hermosos parajes en los que dominan el olivar. Su única diferencia, y de aquí la distinción que he marcado, es el origen de la propiedad de la tierra. Son dos casos singulares que merecen la pena conocerlos. Así distinguimos:
                                   - La Dehesa.
                                   - La localidad de Garcíez y su término.
          La Dehesa es lo que vemos desde que salimos de Bedmar hasta tomar el carril que nos llevará al embalse. Iremos por una pequeña carretera asfaltada que tomaremos en el barrio conocido como “Las Casas Nuevas”. Es un recorrido fácil y cuesta abajo de 13 Km. 
          Tradicionalmente la Dehesa era un terreno de secano dedicado al cereal. Ahora está todo plantado de olivos de regadío. El agua, bien la suben del Guadalquivir o la sacan de pozos. Estos parajes son ricos en manantiales subterráneos que recogen el agua que cae en las montañas cercanas. La sierra es de naturaleza caliza, es decir, que la  piedra se “traga” el agua de la lluvia y la conduce a su interior. De aquí el origen de abundantes aguas subterráneas y de multitud de fuentes que seguro que habéis visto, ya sea en el campo o dentro de los pueblos.
          Durante la edad media “La Dehesa” estaba repartida entre los labradores de la villa de Bedmar. En un principio eran tierras de la Corona de España que las administraba el Concejo (Ayuntamiento). Cada 2 de enero los vecinos de Bedmar podían coger hasta 12 fanegas de tierra y trabajarlas durante dos años. Esto origina la existencia de un núcleo importante de labradores con cierta autonomía en un mundo donde dominan los grandes señores.

“El día dos de enero, al amanecer, cada vecino podía asurcar y tomar hasta un total de doce fanegas de tierra, cuya tenencia disfrutará durante dos años. Pasado este tiempo cada vecino podía tomar, de las tierras que quedaban libres las que pudiese asurcar antes de la Puesta de Sol.”

         Esta situación se consolida  en el año 1.575, cuando Felipe II,  acuciado por las deudas que originan sus guerras, vende en pública subasta (almoneda pública) estas tierras realengas. Contra lo que se podía pensar, estos vecinos de Bedmar logran unirse y ganar la subasta al señor del pueblo. Hay que tener en cuenta que Bedmar era parte del señorío de la familia “de la Cueva”, personas muy  importantes en la Corte de Madrid. Este origen explica que aún en la actualidad la propiedad esté repartida, aunque ya dominan las grandes fincas.
          Al final de la bajada, y tras cruzar el puente que badea el río Bedmar, conocido en su nacimiento como río Cuadros, llegamos a un cruce. Debemos de tomar la carretera que sale a nuestra izquierda y que nos llevaría hasta Jimena. Comenzamos aquí la segunda etapa de nuestro recorrido, aquel que está vinculado a la pedanía de Garcíez.
          Continuamos marchando entre extensas plantaciones de olivares. Pronto, si ponemos atención a nuestra izquierda,  veremos un cortijo grande, cuadrangular, colocado sobre un podio rocoso. Es el cortijo de “Ninchez” y está asentado sobre lo que fue un castillo rural y que tenía como fin la defensa de la ciudad de Baeza, además de ser refugio de los labradores ante las escaramuzas de los árabes. No hay que olvidar que Sierra Mágina, las montañas que se ven al fondo, fue frontera entre moros y cristianos desde mediados del S. XIII y finales del XV, es decir, más de 250 años. De aquí que proliferen en esta comarca tanta fortificación.
          Tras recorrer unos 6.5 Km. nos encontraremos con un cruce a nuestra izquierda  que nos llevará hasta  Garcíez. El repecho es muy pronunciado, pero de sólo un Km. A la izquierda podemos ver un montículo que guarda los cimientos del que fue castillo de Garcíez, y con una función similar al de Nínches.
        Garcíez en una pequeña población que por azares burocráticos esta unida como pedanía a Bedmar. Tiene unos 600 habitantes y todos están dedicados a la agricultura. Todos, y digo todos, sus olivares pertenecieron hasta los años 70 al Marques de Viana, es decir, a un terrateniente de origen noble. Desde la  reconquista, Garcíez fue un señorío de la familia Quesada, manteniéndose la propiedad de la tierra inalterable hasta hace 25 años. Entonces, y no sin esfuerzo, la propiedad fue comprada por los vecinos y arrendatarios de Garcíez.
          Fruto de este contexto histórico es la existencia del precioso palacio renacentista  “Marques de Viana” que hay en el centro del pueblo. Esta cerrado, pero se puede adivinar su antiguo esplendor. Hoy está en manos de un rico burgués madrileño y parece ser que lo quieren rehabilitar y adaptarlo como  hotel. Destaca también la iglesia del pueblo.
          Y tras descasar y comer en alguno de los dos bares que hay, comenzamos la parte más dura del recorrido. Son unos 6 Km., siendo los últimos de continuo pero suave ascenso.
          En total son unos 25 Km. pero que tratándolos con paciencia se pueden sobrellevar bien.

                                                            Francisco Ruiz Sánchez

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